¿Quién puede ayudarme?

En época de pandemia podemos sentir desasosiego, estrés, tristeza… es el momento de pedir ayuda de un profesional, la pregunta es ¿Quién?:

Terapias psicológicas empíricamente validadas y / o psicología integrativa

Hoy parece ser una máxima buscar tratamientos empíricamente contrastados y validados para aplicar a los pacientes de salud, y esto ha alcanzado por supuesto a los tratamientos psicológicos.  Como comentan Echeburúa, Gargallo y Salaberría (2010) ha habido un gran desarrollo en los últimos años en cuanto a las terapias psicológicas empíricamente validadas. Esto supondría que debería haber una integración entre la experiencia clínica y los resultados de investigación, sin embargo, existen discrepancias y no siempre un tratamiento eficaz en un ensayo clínico resulta efectivo para la práctica clínica. La práctica basada en la evidencia intenta dar información sobre qué tratamiento es más eficaz que otros para un determinado trastorno. Buscar entre la gran cantidad de información disponible al respecto puede llegar a ser una “misión imposible” para la persona que necesita una ayuda psicológica rápida y personal. Un lugar de fácil acceso donde poder encontrar información sobre tratamientos basados en la evidencia es la guía de referencia rápida UCM (2013).

https://webs.ucm.es/info/psclinic/guiareftrat/index.php

Aunque se intenta de este modo encontrar tratamientos eficaces y efectivos para los distintos trastornos nos encontramos con varios problemas: 1. Los estudios están basados en estadísticas y lo que es bueno para muchos no siempre es “lo bueno para uno”.

  1. En muchos trastornos nos encontramos con que, aunque se recomienda un tipo de tratamiento como el más eficaz y rápido, a medio y largo plazo se dan muchas recaídas. Este es el caso por el ejemplo de la depresión mayor, donde el tratamiento psicológico se muestra no sólo con una eficacia similar al tratamiento farmacológico, sino que lo mejora si se tiene en cuenta sus menores efectos secundarios y su efecto más duradero (Vallejo y Comeche, 2012).Aquí podemos ver que el tratamiento cognitivo conductual estárecomendado. A pesar de los buenos resultados nos encontramos que al menos un 50% de los pacientes recuperados de una depresión acaban por sufrir un nuevo episodio depresivo (Paykel y cols., 1995).
  2. La mayoría de las personas no sufren de un trastorno puro “de libro”, sino diversos problemas que pueden encajar en varios trastornos simultáneos.

Todo esto hace que uno de los primeros “valores seguros” de la mejoría sea el entendimiento entre el paciente y el profesional que le atiende. Cuanta más capacidad de escucha, herramientas científicas y visión integrativa tenga el psicólogo más posibilidades tendremos de conseguir eficacia en el menor tiempo posible. Sin olvidar que muchas veces correr más va en perjuicio de evitar recaídas. Las distintas escuelas aportan estrategias diferentes de las que nos podemos beneficiar: La terapia de apego y la sistémica prestan atención a nuestra capacidad relacional. La terapia cognitiva a nuestras expectativas, atribuciones y en general a nuestra capacidades mentales y emocionales. La terapia de conducta utiliza la influencia de los estímulos y refuerzos en nuestras respuestas, para guiar nuestro aprendizaje. La terapia psicodinámica pone el foco en nuestra parte inconsciente y la terapia humanista y experiencial en la persona y su capacidad innata para para evolucionar. Añadimos la importante influencia de la relación mente-cuerpo-ambiente, para incluir terapias como la meditación, la aceptación plena o el mindfulness o englobando todas ellas el YOGA o el Taichi. Agrupar todos estos conocimientos es la ambiciosa meta de la terapia integrativa. Y si bien es una meta amplia, lo importante es el camino; parar en cada caso y adaptar los conocimientos del psicólogo a las necesidades particulares.

 

 

Sofía Manzaneque Suárez Psicóloga sanitaria integrativa, coach y profesora de yoga. Colg. M-32808