INDICE DE CONTENIDOS
- 1 Pantallas y cerebro: cómo el uso del móvil y las redes sociales está transformando nuestra cognición
- 2 Pero ¿qué ocurre mientras tanto dentro de nuestro cerebro?
- 3 La atención: un recurso limitado bajo presión constante
- 4 A nivel neurológico
- 5 El diseño de las propias aplicaciones agrava este fenómeno
- 6 La inhibición: cuando el freno cognitivo falla
- 7 El mecanismo neurobiológico de fondo involucra el sistema mesolímbico dopaminérgico
- 8 La regulación emocional: vivir comparándose en tiempo real
- 9 Desde el punto de vista neurológico
- 10 La regulación emocional disfuncional se expresa en varias formas específicas en el contexto del uso del móvil y las redes sociales
- 11 Desregulación emocional y vulnerabilidad clínica
- 12 El rol de los algoritmos
- 13 Las poblaciones especialmente vulnerables: el caso de los adolescentes
- 14 Matices necesarios: no todo es alarma en el uso del móvil y las redes sociales
- 15 Un matiz crucial que aparece de forma consistente en la literatura
- 16 Conclusión
- 17 Referencias bibliográficas:
Cogemos el teléfono nada más despertar. Lo consultamos en la cola del supermercado, en la pausa del trabajo, incluso en mitad de una conversación. Según datos de 2023, los adolescentes estadounidenses pasan una media de 4,8 horas diarias en redes sociales, y únicamente el 10,5 % reporta dedicarles una hora o menos al día (Aitken et al., 2024). El móvil ha dejado de ser una herramienta puntual para convertirse en una extensión permanente de nosotros mismos.
Pero ¿qué ocurre mientras tanto dentro de nuestro cerebro?
En la última década, la investigación en neurociencia cognitiva y psicología clínica ha avanzado de forma notable en la comprensión de cómo el uso intensivo de dispositivos digitales y redes sociales puede estar modificando capacidades cognitivas fundamentales: la atención, la inhibición y la regulación emocional. Este artículo revisa la evidencia científica más reciente sobre estos tres dominios, con el objetivo de ofrecer una perspectiva rigurosa y útil para la práctica clínica.
La atención: un recurso limitado bajo presión constante
La atención sostenida, la capacidad de mantener el foco cognitivo durante un período prolongado sobre una tarea, es uno de los pilares del funcionamiento cognitivo. Sin ella, el aprendizaje, la memoria de trabajo y el pensamiento complejo se ven seriamente comprometidos. Y es precisamente este recurso el que parece verse más afectado por el uso problemático del smartphone.
Un estudio experimental publicado en Scientific Reports (Jacquet et al., 2023) demostró que incluso el uso agudo del smartphone durante períodos breves puede deteriorar significativamente, tanto la vigilancia como las capacidades inhibitorias. Evaluadas mediante tareas de tiempo de reacción y paradigmas Go/No-Go. Los autores señalan que este efecto es comparable al deterioro cognitivo inducido por la fatiga mental en otras condiciones.
A nivel neurológico
La investigación mediante resonancia magnética funcional (fMRI) ha comenzado a revelar los mecanismos subyacentes. Han y Kim (2022), en un estudio con 43 adultos publicado en Tomography, encontraron que las personas con mayor riesgo de uso problemático del smartphone mostraban menor activación del córtex frontopolar, durante tareas de filtrado de distractores, indicando dificultades en el control atencional endógeno, es decir, en la capacidad de redirigir voluntariamente la atención hacia objetivos relevantes ignorando estímulos irrelevantes.
Complementariamente, la revisión de neuroimagen de Hadar y colaboradores (2024), publicada en PMC, documenta que el uso problemático del smartphone se asocia con alteraciones en los sistemas de control ejecutivo y de saliencia. Estos son precisamente las redes cerebrales que regulan hacia dónde y durante cuánto tiempo sostenemos nuestra atención. Estas alteraciones en la organización estriato-frontal pueden reflejar el desarrollo de patrones de comportamiento compulsivos en torno al uso del dispositivo.
El diseño de las propias aplicaciones agrava este fenómeno
El “scroll” infinito, las notificaciones intermitentes y los sistemas de recompensa variable, en los que nunca sabemos qué contenido encontraremos, están construidos sobre los mismos principios de reforzamiento operante, que hacen adictivas las máquinas tragaperras.
Como señala la investigación sobre multitarea mediática, los usuarios frecuentes de múltiples plataformas simultáneas muestran mayor susceptibilidad a la interferencia de estímulos distractores. También muestran una peor capacidad para filtrar información irrelevante durante tareas cognitivamente demandantes (Choi et al., 2021, citado en Hadar et al., 2024).
La inhibición: cuando el freno cognitivo falla
El control inhibitorio que es la capacidad de suprimir respuestas automáticas o dominantes en favor de acciones más deliberadas y adaptativas. Eta es una función ejecutiva esencial. Nos permite no responder de forma impulsiva, resistir la tentación de consultar el móvil mientras estudiamos o trabajamos. Esto permite regular nuestra conducta en función de metas a largo plazo.
La evidencia acumulada apunta a que el uso problemático del smartphone y las redes sociales compromete este sistema de freno cognitivo. Fabio, Stracuzzi y Lo Faro (2022), en un estudio publicado en el “International Journal of Environmental Research and Public Health” (PubMed Central), encontraron que los participantes con niveles elevados de uso problemático del smartphone presentaban déficits significativos en autocontrol conductual y cognitivo. Incluyendo mayores dificultades para restringir voluntariamente su propio uso del dispositivo. Lo que es un patrón consistente con los modelos de adicción conductual.
El mecanismo neurobiológico de fondo involucra el sistema mesolímbico dopaminérgico
Las plataformas de redes sociales explotan este circuito mediante lo que la literatura denomina “reforzamiento de razón variable”: recompensas intermitentes e impredecibles. Como ejemplo podemos hablar de un “me gusta”, un comentario, un contenido nuevo. Estos activan el núcleo accumbens de forma análoga a como lo hacen las conductas adictivas (Chen et al., 2025, PMC; Clark y Zack, 2023, citados en Chen et al., 2025).
Una revisión de 40 estudios neurofisiológicos publicada en “World Journal of Psychiatry” (2023) confirmó que el comportamiento dependiente de internet, independientemente del contenido, se caracteriza por una violación significativa del control inhibitorio. Esto se evaluó mediante tareas de señal de stop y de toma de decisiones (Mishkov et al., 2023).
A largo plazo, la exposición repetida a estas dinámicas de recompensa inmediata puede sensibilizar el sistema dopaminérgico. Haciendo que los individuos desarrollen un sesgo atencional excesivo, hacia las señales sociales digitales y una menor tolerancia a la demora de gratificación. Esta sensibilización diferencia la adicción temprana, mediada por el placer inmediato, de la tardía, que se mantiene por ciclos de evitación emocional ante la disfunción del circuito prefrontal-límbico (Chen et al., 2025).
La regulación emocional: vivir comparándose en tiempo real
La regulación emocional es la capacidad de gestionar de forma flexible y adaptativa los propios estados afectivos. Es quizá el dominio donde la investigación reciente presenta resultados más consistentes y clínicamente relevantes.
Las redes sociales construyen un entorno de comparación social permanente y asimétrico: observamos versiones cuidadosamente curadas y editadas de la vida de otros. Además las comparamos con nuestra experiencia, que incluye también las dificultades y las contradicciones. Esta comparación ascendente sistemática se ha vinculado de forma robusta con la sintomatología ansiosa y depresiva.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en “JAMA Pediatrics” (Fassi et al., 2024) confirmó la asociación entre el uso de redes sociales y los síntomas internalizantes (ansiedad y depresión) en muestras clínicas y comunitarias de adolescentes. Este estudio integró datos de más de 14.000 estudios transversales (diferentes grupos en un mismo momento) y longitudinales (mismos grupos medidos en varias ocasiones a lo largo del tiempo) procedentes de MEDLINE, Web of Science, PsycInfo y Scopus.
Desde el punto de vista neurológico
El estudio de Aitken y colaboradores (2024, Stanford University) documentó que el consumo de redes sociales producía reducciones en la actividad del giro frontal inferior. Esta es una región cerebral directamente implicada en la inhibición de respuestas motoras y en el control emocional. Las puntuaciones en funcionamiento ejecutivo descendieron significativamente tras la exposición a redes sociales en comparación con el grupo control. Este estudio empleó espectroscopía funcional de infrarrojo cercano (fNIRS) en un entorno naturalístico,
Evitación experiencial como estrategia de regulación. La revisión de Wacks y Weinstein (2021, Frontiers in Psychiatry) encontró que el uso excesivo del smartphone se asocia con estrategias de regulación cognitivo-emocional desadaptativas. Estas incluyen la autoculpabilización, la rumiación, el catastrofismo y, de forma especialmente relevante, la evitación experiencial. Esta última es el intento de evitar pensamientos, emociones y sensaciones internas desagradables, refugiándose en el consumo de contenido digital. A corto plazo, esta estrategia reduce el malestar; a largo plazo, interfiere con el procesamiento y la integración emocional.
Desregulación emocional y vulnerabilidad clínica
La revisión de alcance publicada en Frontiers in Psychiatry (2025, PMC) sobre 43 revisiones sistemáticas y metaanálisis (período 2020-2024), confirma que el uso problemático de redes sociales se asocia de forma consistente con:
- mayor desregulación emocional
- mayor reactividad ante estímulos sociales negativos
- menor capacidad de regulación autónoma.
Los estudios longitudinales incluidos en esta revisión subrayan que la relación entre uso problemático y desregulación emocional es bidireccional: las dificultades previas en regulación emocional predicen el uso problemático futuro, y este, a su vez, agrava la desregulación.
El rol de los algoritmos
Los algoritmos de las plataformas priorizan el contenido que genera reacciones emocionales intensas: indignación, miedo, conflicto… Porque este tipo de contenido maximiza el tiempo de permanencia en la plataforma. La exposición crónica a este tipo de material puede mantener el sistema nervioso en un estado de activación sostenida, con consecuencias sobre:
- la capacidad de calma
- el procesamiento pausado de las emociones
- la toma de decisiones adaptativa (Kazmi et al., 2025; Chen et al., 2025).
Las poblaciones especialmente vulnerables: el caso de los adolescentes
La preocupación es particularmente intensa en el caso de adolescentes y jóvenes adultos. Durante la adolescencia, el córtex prefrontal, responsable del control inhibitorio, la planificación y la regulación emocional, se encuentra todavía en proceso de maduración. Un proceso que no concluye hasta aproximadamente los 25 años.
Esta brecha madurativa entre el sistema límbico, maduro y sensible a las recompensas sociales, y el córtex prefrontal, aún en desarrollo, hace a los adolescentes especialmente vulnerables a los entornos que promueven la impulsividad y la gratificación inmediata.
La revisión sistemática de Aznar y colaboradores (2025, Adolescent Research Review) identificó entre los factores de riesgo longitudinales para el desarrollo de uso problemático de redes sociales:
- la dificultad en autorregulación
- la labilidad emocional (pasar de una emoción a otra)
- la motivación de uso para regular estados negativos, como el aburrimiento o la angustia
- determinados factores de crianza.
- La presencia de sintomatología ansiosa y depresiva previa actuaba como predictor significativo del uso problemático posterior, en coherencia con el modelo de evitación emocional.
La revisión honesta de la evidencia obliga a introducir importantes matizaciones. La investigación en este campo presenta limitaciones metodológicas notables:
1. Predominio de diseños transversales (que impiden establecer causalidad).
2. Heterogeneidad en la definición de “uso problemático”.
3. Dificultades para aislar el efecto de las redes sociales de otras variables concurrentes.
4. Y por último escasez de estudios longitudinales de largo alcance.
Un matiz crucial que aparece de forma consistente en la literatura
Es la distinción entre uso activo y uso pasivo. El uso activo hace referencia a crear contenido, mantener conversaciones significativas, participar en comunidades de interés. Estos muestran efectos más neutros o incluso positivos sobre el bienestar.
El uso pasivo que consiste en consumo reactivo sin propósito, comparación social, scroll sin objetivo. Es el que se asocia más sistemáticamente con peores resultados cognitivos y emocionales (McAlister et al., 2024, JMIR).
La relación entre uso de redes sociales y salud mental es, en palabras de Orben y Przybylski, de una magnitud pequeña pero estadísticamente consistente, comparable en tamaño de efecto al de otras variables del entorno adolescente. Esto no la hace irrelevante, pero sí obliga a evitar tanto la minimización como el alarmismo desproporcionado.
Conclusión
La evidencia acumulada en los últimos años señala de forma consistente que el uso intensivo y problemático de smartphones y redes sociales se asocia con:
- alteraciones mensurables en la atención sostenida
- el control inhibitorio y la regulación emocional
- con correlatos neurológicos identificables mediante técnicas de neuroimagen funcional.
Estos efectos son graduales, parcialmente reversibles y moderados por el tipo de uso y por las características individuales.
El cerebro humano es plástico: se adapta a los entornos que habitamos. Si el entorno digital en el que vivimos está diseñado para fragmentar nuestra atención, recompensar la impulsividad y amplificar las comparaciones sociales, es razonable esperar que esto deje una huella en nuestros procesos cognitivos y emocionales.
Comprender estos mecanismos no es un ejercicio de catastrofismo tecnológico, sino una invitación a ejercer una relación más deliberada y consciente con las herramientas digitales que usamos. Tod esto apoyándonos en lo que la ciencia psicológica nos permite saber hoy sobre cómo funciona nuestra mente.
Referencias bibliográficas:
1.Aitken, A., Rahimpour Jounghani, A., Moreno Carbonell, L., Kumar, A., Crawford, S., Bowden, A. K., & Hosseini, S. M. H. (2024). The effect of social media consumption on emotion and executive functioning in college students: An fNIRS study in natural environment. Preprint. https://doi.org/10.21203/rs.3.rs-5604862/v1 [PMC11703342]
2.Aznar, A., et al. (2025). Risk factors for problematic social media use in youth: A systematic review of longitudinal studies. Adolescent Research Review. https://doi.org/10.1007/s40894-025-00264-4
Chen, H., et al. (2025). The emotional reinforcement mechanism of and phased intervention strategies for social media addiction. Frontiers in Psychology, PMC12108933. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12108933/
3.Fabio, R. A., Stracuzzi, A., & Lo Faro, R. (2022). Problematic smartphone use leads to behavioral and cognitive self-control deficits. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(12), 7445. https://doi.org/10.3390/ijerph19127445 [PMC9223448]
4.Fassi, L., Thomas, K., Parry, D. A., Leyland-Craggs, A., Ford, T. J., & Orben, A. (2024). Social media use and internalizing symptoms in clinical and community adolescent samples: A systematic review and meta-analysis. JAMA Pediatrics, 178(8), 814–822. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2024.2078
5.Hadar, A., et al. (2024). Neuroimaging the effects of smartphone (over-)use on brain function and structure: A review on the current state of MRI-based findings and a roadmap for future research. PMC, PMC10917376. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10917376/
6.Han, S. W., & Kim, C. H. (2022). Neurocognitive mechanisms underlying internet/smartphone addiction: A preliminary fMRI study. Tomography, 8(4), 1782–1797. https://doi.org/10.3390/tomography8040150 [PMC9326674]
7.Jacquet, T., Lepers, R., Pageaux, B., & Poulin-Charronnat, B. (2023). Acute smartphone use impairs vigilance and inhibition capacities. Scientific Reports, 13, 22887. https://doi.org/10.1038/s41598-023-50354-3 [PMC10754937]
8.Kazmi, S. M., Jilani, A. Q., Ahmad, S., Srivastava, P., Pandey, K., & Anwar, S. (2025). Effects of excessive social media use on neurotransmitter levels and implications for behavioral behavioral addiction, emotional regulation, and mental health. Era’s Journal of Medical Research, 12(1). https://www.ejmr.org
9.Liu, X., et al. (2025). Effects of social media use on youth and adolescent mental health: A scoping review of reviews. Frontiers in Psychiatry, PMC12108867. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12108867/
10.McAlister, K. L., Beatty, C. C., Smith-Caswell, J. E., Yourell, J. L., & Huberty, J. L. (2024). Social media use in adolescents: Bans, benefits, and emotion regulation behaviors. JMIR, 6, e64626. https://doi.org/10.2196/64626 [PMC11554337]
11.Mishkov, R., et al. (2023). Neurobiological risk factors for problematic social media use as a specific form of Internet addiction: A narrative review. World Journal of Psychiatry, PMC10251362. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10251362/
12.Wacks, Y., & Weinstein, A. M. (2021). Excessive smartphone use is associated with health problems in adolescents and young adults. Frontiers in Psychiatry, 12, 669042. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.669042 [PMC8204720]

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